Hay momentos en los que las relaciones interpersonales se vuelven un tanto difíciles de soportar, que nos hacen respirar profundo y contar hasta 10.
¿Sabes qué tanto puedes soportar algo que no compartes?
En términos generales cuando hablamos de tolerancia, nos referimos al acto de soportar acciones de otros con las que no nos sentimos cómodos, pero respetamos la pluralidad de pensamiento y acción. En otras palabras, no estamos en sintonía con lo que dice o hace otra persona; sin embargo, aceptamos las diferencias.  
La permisividad, está relacionada con la tolerancia excesiva, hay una línea delgada entre la tolerancia y la permisividad; esa línea es representada por la palabra: RESPETO. Cuando se vulnera el respeto hacia otro, se ha cruzado el límite de la tolerancia.
Posiblemente ha presenciado, cómo personas con distintos credos se toleran entre sí, unos hablan de sus creencias ante otros que no las comparten, y bajo un clima de respeto pueden permanecer en el mismo lugar, sin que esto tenga consecuencias. Si por el contrario, una persona empieza a insultar o agredir físicamente a otra por tener creencias diferentes, está transgrediendo la línea del RESPETO; es decir, el límite de la tolerancia. La persona agredida tiene solo dos opciones ante el hecho: Hacer un alto para exigir respeto, o ser permisivo y consentir que la sigan vejando.
Existen casos en que se es permisivo, ante situaciones en las que vemos que hacer respetar nuestra integridad física y emocional, implica un peligro o consecuencia adicional; un ejemplo pudiera ser: El padre que permite que su hijo, esté bajo los efectos de las drogas, sin que él haga nada al respecto; ya que las consecuencias pudieran inferir una agresión o cualquier acto de violencia, en la que pueda verse afectada la integridad de ambos.
Otro caso, sería el de una mujer que bajo amenaza permita que se abuse de ella; en condiciones normales no toleraría tal cosa e impondría respeto, pero bajo amenaza, una reacción en defensa puede resultar contraproducente. 
Es conveniente analizarnos; tener un conocimiento de nosotros mismos, esto contribuye a interpretar correctamente, cuál debe ser ese punto máximo de tolerancia, ya que de lo contrario, pudiéramos actuar con exageración ante una situación, donde realmente no se ha perdido el respeto; así como también, podríamos ser permisivos, por no saber hasta qué punto debemos establecer un límite.