Se espera que para el año 2019 el número de robots industriales instalados en el mundo ascienda alrededor de 2.6 millones de unidades, lo que sería un millón de unidades más que las que habían en 2015. Se calcula que el 70 por ciento de los robots se encuentran distribuidos en los sectores electrónica, eléctrico, metales, maquinaria industrial y automotriz. Así lo dio a conocer un informe de la Federación Internacional de Robótica (IFR) siglas en inglés, en el 2016.

La región donde se encuentra concentrada la mayor parte del uso de robots industriales es en la Unión Europea: el 65% de los países con una cantidad por encima del promedio de robots industriales por 10 mil trabajadores, están en la zona europea. China le sigue los pasos, se pronostica que para el 2019 se venderá en este país el 40% del volumen mundial de la industria robótica.

Los robots no son exclusividad de la industria, ya que podemos ver su presencia cada vez mayor en los hogares. Se cree que entre los años 2016 y 2019 habrá en los hogares domésticos 31 millones de estos, como son por ejemplo, los limpiadores de piso y de piscina, cortadoras de césped, entre otros, según señala la IFR.

Estas máquinas realizan funciones rutinarias cada vez más rápidas y eficientes a un costo mucho menor que el representado por los seres humanos. Se estima que en el futuro, las computadoras podrán hacer igual de bien actividades que consideramos como no rutinarias; por ejemplo, la suscripción de seguros, diagnósticos médicos, traducciones, etc.

Los estudios comienzan a respaldar la idea de que la incorporación de estas máquinas en la industria puede beneficiar a los trabajadores calificados, pero no así a los que tienen calificaciones y salarios medianos y bajos.

La proporción de empleos amenazados por la automatización según datos del Banco Mundial, alcanza el 69% en India, el 77% en China y en Etiopía el 85%. A pesar que no se ha nombrado a América Latina, la automatización también está impactando esta región.

¿Cómo enfrentar esta realidad?

Con el progreso económico y tecnológico inevitablemente viene el desplazamiento del empleo, incrementándose la pérdida de puestos de trabajo. Si bien expertos consideran que los robots reducen la necesidad de que las personas realicen tareas arduas y peligrosas, también reconocen que estos han permitido liberar recursos humanos y financieros que se pueden reasignar a sectores más rentables para las organizaciones. Esto es muy preciado en aquellos países donde su población decrece y es longeva, o en profesiones donde escasea el capital humano capacitado.

Por otro lado, los médicos pueden realizar diagnósticos automatizados a distancia, atendiendo a muchas personas aún en la distancia en aquellas zonas donde no haya doctores.

La educación de calidad desde temprana edad, así como el desarrollo de habilidades, pueden contrarrestar la implementación de la tecnología robótica en el mercado laboral.

“Tenemos que repensar nuestro sistema educativo. Dado que los robots y las máquinas son capaces de hacerse cargo de un número cada vez mayor de tareas, los seres humanos tienen que centrarse en sus ventajas comparativas, que incluyen las habilidades no cognitivas”, afirma Harm Bandholz, jefe de economistas departamento de investigación de Unicredit, en su informe titulado: “Las consecuencias económicas y sociales de la robotización”.

El gerente del sector educación del Banco Mundial, Harry A. Patrinos, indica que los conocimientos básicos son fundamentales para muchos países en desarrollo como los de América Latina. El área para comenzar es el desarrollo en la primera infancia.  Las actitudes de comportamiento como el trabajo en equipo, la diligencia, la creatividad y el espíritu empresarial, son imprescindibles para el progreso en economías globalizadas que están en evolución y siendo impulsadas por la tecnología.