E

s común ver a los padres de familia discutir frente a sus hijos, incluso llegar a la violencia, sin saber el daño que no sólo afecta a la pareja sino peor aún, a los hijos. La sociedad debe educarse en este sentido.


En la familia, se forma el hombre del mañana; puesto que los niños de hoy reflejarán en sus propios hogares y sociedad, lo que aprendan en el seno de su hogar; ese hogar que será su modelo a seguir para el futuro.

Se debe actuar de manera inteligente, aprender a solucionar los conflictos de forma pacífica y utilizando como herramienta principal la comunicación asertiva.

Cuando se discute frente a los niños, se le está causando daños psicológicos, dejando huellas imborrables en sus mentes. Estas imágenes quedan grabadas en su subconsciente afectando su vida emocional. El estrés ocasionado en el niño al presenciar una discusión, hace que el niño presente problemas con sus relaciones personales; pueden volverse agresivos, resentidos e introvertidos.

Los niños que crecen en un hogar violento, desarrollan niveles de intolerancia considerables, pueden reaccionar con gritos o violencia con mucha facilidad ante cualquier situación que le genere estrés.

Los infantes, pueden observar que a través de un lenguaje de violencia, que una de las partes que interviene en el conflicto consigue dominar o imponerse al otro; lo que el niño puede asimilar, como la forma en la que se puede conseguir las cosas. De tal manera que el niño imitará esta conducta cuando quiera necesite conseguir algo.

La recomendación para los padres o representantes, es que enseñen al niño a dialogar en vez de discutir y en ningún momento, utilizar la violencia. Si necesita resolver un asunto de pareja, lo aceptable y conveniente, es hacerlo apartadamente de los niños y de igual manera manteniendo el respeto mutuo, la comunicación y afecto que se tienen.