San Fernando, “Una Buena Familia”.
Esta impresionante historia tiene su origen en el emprendimiento de un joven visionario japonés, Julio Soichi Ikeda Tanimoto, quien llegó a Perú desde su país  natal, tras un largo viaje esperanzado en conseguir su sueño en esta tierra.
El joven emprendedor pisó tierras peruanas a la edad de 15 años en 1927, consiguiendo trabajar como agricultor; y pasado algún tiempo, se asoció con otras personas para producir sillao, comercializando este producto entre miembros de la colonia japonesa.
Para el año 1944 comienza la segunda guerra mundial y el señor Julio Ikeda fue deportado junto a su esposa e hijos a Estados Unidos, despojándolo de todas sus pertenencias incluyendo su emprendimiento.
Al finalizar la guerra,  Julio Ikeda quien había permanecido en un campo de concentración en New Orleans EEUU. Se le concedió tomar la decisión de ir a su tierra natal de nuevo, quedarse en Estados Unidos o regresar al Perú, escogiendo esta última opción, a pesar de que allí había perdido todo, menos sus sueños.
Junto a su esposa Rosa Matsukawa y ya tres hijos, llegó a Perú donde debido a su situación, fue acogido por un familiar quien le dio posada. 
Cuenta su hijo Julio, que su padre debido a la situación que vivían, lloraba desesperado en la cama por no saber cómo mantener a su familia; ya que en esos tiempos, el trabajo para los japoneses era muy limitado.
Don Julio recibió una propuesta de un primo para criar aves y en 1948 empezaron este emprendimiento con 35 patas y 4 patos. Con este negocio el señor Julio esperaba tener algo de dinero para mantener a su familia.
Luego de un tiempo la familia empezó a criar gallinas para luego vender huevos. Durante quince años don Julio y sus hijos mayores distribuían huevos y patos por bodegas y Mercados; el negocio apenas daba para cubrir los gastos, por las pocas ganancias que generaba el negocio.
Julio hijo, pudo darse cuenta en su caminar por la ciudad, de la tendencia que había por consumir pollo a la brasa. Sin pensarlo mucho, la familia en 1963 adquirió 468 pollitos y empezaron a vender pollos; desde entonces, no paró la producción de pollos.
La creciente producción de pollos, más de 3000, les obligó a buscar nuevos terrenos para la producción en Lurín. Pero una peste afectó su producción en el año 68 aunado a una crisis de precios, por lo tanto la familia quedó sin capital de trabajo. Gracias a un amigo consiguieron 4 mil pollitos a crédito, debido a la confianza por el buen trabajo que mostraba la familia y luego de dos años ya contaban con 8 mil pollos en su haber.
Los hijos del señor Julio: Máximo y Fernando, estaban dedicados a la producción y su padre los comercializaba; para el año 72, la familia decide poner una marca a sus pollos: San Fernando. Finalizando los años 70 la producción de pollos era de 8 mil pollos semanales. Comenta el hijo mayor de don Julio, que ya se habían convertido en productores importantes, que buscaban una diferenciación del resto de los productores con una producción diaria.
Esto, lo lograron luego de conversar con varios granjeros a quienes les compraban la producción de pollos  y con una programación, pudieron despachar diariamente una producción con su marca que salía de la tienda de San Fernando, en la av. Tomás Marsano. Los Ikeda. Iban con sus camiones por varios lugares comprando y vendiendo pollos con su marca: Para ese momento nadie había hecho esto.
Al final de los 70, la amenaza llega a los Ikea, luego de que la empresa Nicolini se convirtiera en la  más grande productora de pollos, aventajados por ser los mayores productores de alimentos para aves. Luego de ver la situación, los hermanos Ikeda construyeron un molino para hacer su propio alimento para aves, en un terreno ubicado en Lurín, que Julio hijo puso en manos de su hermano Alberto para hacer el molino y así sortear el desafío.
Para comienzos de los años 80, luego de formar un sistema de granjeros integrados, la compañía San Fernando ya producía 1 millón de pollos mensuales. San Fernando con el eslogan que nacía para ese momento “La buena familia”, se apuntalaba como la segunda productora de pollos más grande, luego de Nicolini en Perú. A finales de los 90, San Fernando le compra a Nicolini, su planta de beneficio tras dejar la crianza de pollos.
Esta exitosa historia termina con una empresa que tiene  en su haber, dos plantas de beneficio que producen dos mil pollos por hora, cien granjas integradas y un excelente recurso humano de 4,800 colaboradores. Todo este logro se alcanza por la honestidad, fortaleza, disciplina y perseverancia del que, en aquel entonces, apostara por este gran país: Don Julio Soichi Ikeda Tanimoto, siendo el mejor ejemplo de lucha y con los más altos valores, para los hijos que siguen el legado de su padre.