Mi abuelo solía decir: “Es mejor una pregunta tonta, que un tonto que no pregunta”, seguramente habrá escuchado esa frase, que encierra un aspecto muy importante en la vida de una persona, “La curiosidad”.
He visto crecer niños que siempre fueron muy preguntones, es una condición que nunca desaparece en las personas curiosas. Con el tiempo, se pudo observar la gran visión que desarrollan sobre los elementos que le rodean, una imagen muy amplia de su entorno, tan amplia, como los conocimientos que van absorbiendo. 
La necesidad de saber cada vez más, nos ayuda a encontrar respuestas a nuestras interrogantes, desarrollando nuestra imaginación y creatividad, porque nos imaginamos y suponemos muchas cosas sobre lo que nos ocupa; antes de obtener alguna respuesta.
Las preguntas, nos ayudan a conseguir otros puntos de vista, rompiendo con los paradigmas y desarrollando nuestras capacidades analíticas. Cuando “no” preguntamos, nos mantenemos estáticos en nuestros esquemas de pensamiento. No nos permitimos ir más allá.
Debemos tener una actitud más crítica ante todo lo que nos rodea, buscar respuestas que puedan ampliar nuestra manera de pensar, con una actitud más abierta.
Hable con los demás sobre sus inquietudes, seguramente aprenderá haciendo esta actividad. Conseguirá respuestas o agregará más incógnitas, desde otros puntos de vista. El resultado será muy beneficioso y se asombrará por saber, hasta dónde puede llegar su pensamiento y de cómo irá evolucionando su mente, hacia nuevas formas de pensamiento cada vez más agudas.